REGÍMENES AUTORITARIOS: TERROR, COOPERACIÓN, DESEMPEÑO ECONÓMICO Y TRANSICIONES

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Introducción

Por Diego Sánchez

A lo largo de la historia una amplia variedad de dictaduras se ha enfrentado al dilema de la institucionalización para sobrevivir. La naturaleza de los regímenes autoritarios y los diferentes instrumentos utilizados por los dictadores para mantenerse en el poder son los que básicamente han determinado su desempeño económico y el tipo de transición que han experimentado. El grado de institucionalismo, el origen de las rentas, incluso el tamaño de la población son algunos de los elementos que determinan el tipo de régimen autoritario. En este artículo presento las principales aportaciones que hacen varios teóricos en ciencia política sobre por qué algunas dictaduras realizan un mejor desempeño econóico que otras, por qué unos regímenes necesitan más coordinación y cooperación con facciones o sectores opositositores, mientras que otros mantienen el poder en pocas manos de forma personalista, y por qué unas dictaduras tienden hacia una transición democrática y otras hacia otro tipo de régimenes no democráticos.

Naturaleza variable de las dictaduras

Como nos recuerda Haber la sociología política se centra en los patrones de comportamiento en los gobiernos autoritarios para detallar varias tipologías: neosultanistas, neopatrimoniales, personales, burocráticos autoritarios, militares, miliares inclusivos, militares exclusivos, de partido único dominante o hegemónico, semiautoritario, autocráticas y totalitario. Sin embargo, el autor se decanta más por las tesis de la literatura de las economías rechaza la idea de que existan tipos categóricos de dictaduras y dictadores, y a cambio, construye teorías generalizables basadas en los objetivos e incentivos comunes que enfrentan los dictadores. Y todos ellos comparten el mismo objetivo principal: conservar el cargo por una vida querida, para evitar la cárcel, el exilio o un tiro en la cabeza (Haber, 2006:694) Geddes realiza una clasificación más sucinta y contempla la existencia de regímenes: militares, personalistas de partido único e  híbridos, ya que con frecuencia en el mundo real este tipo de gobiernos cuentan con características de más de uno. La autora recuerda que dependiendo el tipo de régimen estos se derrumban de maneras sistematicamentes diferentes y también tienen implicaciones el las transiciones (Geddes, 1999:5)

Wright se detiene en definir, a grandes trazos, las principales características de las tipologías destacadas por Geddes, siempre orbitando entorno a su principal aportación: la existencia de legislaturas vinculantes o no vinculantes. Los regímenes militares o de partido único dependen más de la inversión y la producción de la economía nacionales y son menos de pendientes de los recursos naturales. Por el contrario, los gobiernos personalistas (como las monarquías) se basan en el intercambio de bienes privados (normalmente obtenido de recursos naturales del propio país, o de la ayuda exterior) a cambio de apoyo político. Mientras que los primeros son más propensos a construir legislaturas vinculantes, los segundos hacen lo propio pero en este caso sus instituciones no son vinculantes, ya que forman parte de su estrategia de dividir y pagar a los posibles oponentes al régimen. (Wright, 2008:322)

Finalmente, Gandhi y Przeworski incorporan el concepto de “grado de cooperación” y recogen el guante a Wright sobre la existencia de instituciones de inspiración democrática (como las legislaturas) para hacer su propia clasificación. Los dos autores diferencian entre aquellas puramente autocráticas y muchas otras que exhiben una compleja gama de instituciones aparentemente democráticas. Y para ello, hablan de regímenes que necesitan poca cooperación (como los personalistas, que pueden extraer rentas de los recursos naturales, por ejemplo), y de otros que necesitan mucha cooperación (los militares o de partido único, que dependen de banqueros, prestamistas, y productores nacionales para subsistir). Así pues, exponen que la monarquía es una institución poderosa por derecho propio y es menos probable que dependa de instituciones, al contrario de los regímenes militares, que suelen construir instituciones de forma más frecuente, o incluso de las dictaduras civiles, que siempre están institucionalizadas (Gandhi & Przeworski: 2006:17)

Principales causas:

Gandhi y Przeworski aseguran que las dictaduras mantienen instituciones por dos razones sistemáticas: para movilizar la cooperación y, si la oposición es amenazante, también para frustrar el peligro de rebelión. (Gandhi & Przeworski: 2006:21)

Estas instituciones son como las democráticas (legislaturas, partidos y elecciones) y se podría llegar a pensar en las dictaduras institucionalizadas como democracias parciales o autoritarismos electorales, pero estos dos autores advierte: definitivamente, no son democracias. Y no lo son porque, a pesar de celebrarse eventos que denominan elecciones, no hay posibilidad de que los gobernantes abandonen el poder debido a una decisión popular. Más bien, el papel de las elecciones (sobre todo en regímenes de partido único) es el de legitimar al régimen, para intimidar a cualquier posible oposición. Además apuntan que, las concesiones políticas no son lo mismo que las decisiones abiertas. Existe una diferencia fundamental, lo que distingue a las legislaturas, los partidos y las elecciones democráticas de sus contrapartes dictatoriales es que las dictaduras siguen siendo arbitrarias incluso con presencia de estas mismas instituciones. A pesar de que la literatura sobre dictaduras ha tratado a las instituciones como foros para distribuir rentas y nada más, Gandhi y Przeworski considera que, como vamos a ver, las instituciones son cruciales para cualquier estrategia de cooptación que implique compromisos políticos.

Wintrobe (2000) asegura que los dictadores son inseguros ya que se enfrentan, no a una amenaza general del resto de la sociedad, sino a la amenaza del selectorado (un subconjunto minúsculos de la sociedad) que puede vetar sus políticas e incluso derrocarlo. Haber recoge el legado de Wintrobe y trata de explicar la naturaleza variables de las dictaduras debido a la existencia de un conjunto inevitable de interacciones estratégicas (un juego) entre dictadores y grupos organizados que han lanzado a los dictadores al poder. Y advierte que ninguno de los actores en este “juego” parte de un estado de naturaleza nuevo, sino que heredan un conjunto preexistente de instituciones y organizaciones políticas, además de una economía y una sociedad, concretas. (Haber, 2006:704) El lector se preguntará, ¿por qué el dictador no elimina a sus posibles amenazas? Haber responde que el líder autoritario necesita el apoyo de lo que se denomina “organización lanzadera” (pueden ser militares, partidos políticos, familias reales, etc.) para tomar el poder, y también porque sin este grupo y otros, -que forman parte de la organización del estado-, no podría gobernar el país. Pero a su vez, esta organización lanzadera es un arma de doble filo porque, tal y como fue capaz de aupar al dictador a la cúspide (resolviendo los problemas de la acción colectiva), también puede destruirlo, porque controla el aparato de gobierno. (Haber, 2006:696) Para resolver el problema de su inseguridad Haber trae a colación tres arreglos institucionales o estrategias diferentes: lógica del terror, la lógica de la cooptación y la de proliferación organizativa. Y cada una de ellas tendrá implicaciones diferentes en los derechos de propiedad, el crecimiento económico, la represión y las transiciones democráticas.

Geddes destaca el distintivo primordial entre regímenes. A diferencia de oficiales, partidos y camarillas de las dictaduras personalistas y de partido único, las de carácter militar no siempre quieren alcanzar el poder. (Geddes, 1999:11) Y eso, insiste la autora, hace que los regímenes militares lleven dentro de sí, la semilla de su propia desintegración camino hacia una transición. Es una cuestión de carácter. En el caso de una dictadura militar, se trata de un grupo de oficiales que decide quién gobernará y ejercerá influencia en la política. Sus intereses, por encima de todo, son: su supervivencia, la eficacia de las fuerzas armadas, el mantenimiento de la disciplina y de la jerarquía, la cohesión del ejército, la integridad nacional de su país, etc. Así que cuándo se plantea dar un golpe de estado, su principal preocupación es evaluar cuántos se unirán (el clásico juego de batalla de sexos). Debido a su idiosincrasia, los regímenes militares son mucho más inestables ante escisiones internas (originadas, por ejemplo, por un mal desempeño económico). El cuerpo de oficiales no aceptará la desintegración del ejército en facciones abiertamente competidoras. Así que, si las divisiones de la élite amenazan la unidad y la eficacia militar, la mayoría de los cuerpos oficiales optará por regresar a los cuarteles, dando paso a una transición, que como veremos luego, será siempre negociada. (Geddes, 1999:20)

Las dictaduras personalistas, a diferencia de las militares y de partido único, el acceso al cargo y las rentas obtenidas dependen mucho más de la discreción de un líder individual. Éste puede ser un oficial o puede haber creado un partido para mantenerse a sí mismo, pero ni el ejército ni el partido ejercen poder de decisión independiente a los caprichos del dictador. Por su parte los regímenes de partido único, el acceso a cargos políticos y el control de la política están dominados por un partido, aunque otros pueden existir legalmente y competir en unas elecciones. A parte de otras, lo que los diferencia a estas dos dictaduras son las estrategias que suelen utilizar. Las personalistas prefieren usar la exclusión hasta que ven necesario pasar a una cierta coordinación, solo cuando los beneficios de esta son suficientemente grandes como para asegurar su continuidad y el apoyo de las facciones. Por su parte, los de partido único utilizan la cooptación (neutralizar a posibles opositores por medio de rentas y participación política) principalmente, en lugar de la exclusión, ya que ninguna facción estaría mejor gobernando sola y ninguna se retiraría del cargo de forma voluntaria, a menos que hubiera eventos exógenos que cambiarán los costes y beneficios de cooperar entre sí.  (Geddes, 1999:17)

Siguiendo con la noción de la existencia de legislaturas en las dictaduras, Wright despliega su estudio alrededor de la siguiente hipótesis: que todas las legislaturas sirven como una forma de restricción al poder del dictador, pero  algunos regímenes establecen legislaturas vinculantes y otros no. Para entender por qué sucede este hay que preguntarse, ¿cuál es la razón por la que unas y otras necesitan una restricción potencialmente creíble de su poder? (Wright, 2008:232) Empecemos con las que sí necesitan una limitación creíble a su poder. En aquellos regímenes más dependientes de la inversión nacional y de la economía doméstica productiva más que de los recursos naturales, el dictador crea una legislatura vinculante (es cuando el dictador invierte en derechos de propiedad). Eso pasa porque se hace necesario una legislatura que garantice a los inversores nacionales que el dictador no robará el producto económico del país (es la visión tradicional de las legislaturas como limitadoras). Por el contrario, en aquellos regímenes autoritarios que dependen de los ingresos provenientes de los recursos naturales (reservas de petróleo, por ejemplo) la legislatura no vinculante sirve como mecanismo para que el dictador soborne y divida a la oposición cuando tiene que enfrentar desafíos creíbles. En este caso, se establecen legislaturas pero no necesariamente obligan al dictador y son más bien utilizadas para pagar a posibles retadores al régimen, como parte de una estrategia de supervivencia (hace que parte de la oposición sea dependiente del régimen bajo la amenaza de retirada de privilegios y rentas). Wright propone tres condiciones para que las legislatura sean vinculantes: estas son más habituales en regímenes que tienen menos recursos naturales, y con ingresos per cápita mayores, y en los que el dictador tiene una gran expectativa de permanecer en el poder durante largo tiempo. (Wright, 2008:327)

Consecuencias de una naturaleza variable:

Recuperando la hipótesis de Haber por la cuál el dictador tiene motivos reales para temer a la organización que le ha lanzado al liderazgo, el autor resume las tres estrategias que puede poner en práctica para procurar su supervivencia política. Estas se basan en dos objetivos: encontrar una manera de comprometerse de forma creíble para cumplir con los mandatos de la dirección de la organización lanzadera (aceptando que puede sancionarlo e incluso destituirlo) o, por el contario, intentar frenar su poder. Así pues Haber saca a colación las tres estrategias de los dictadores que él denomina como ganadoras:  la lógica del terror, la lógica de la cooptación y la de proliferación organizativa.  Cada una de ellas conlleva un desempeño de la economía bien diferente. La lógica del terror es la estrategia más directa para frenar a la organización lanzadera. Es decir, aterrorizando a su liderazgo mediante asesinatos, juicios, torturas y purgas. Eso provoca que haya enormes incentivos entre la membresía para denunciarse unos a otros y, a su vez, dificulta la coordinación de las acciones contra el dictador. Se trata de una estrategia que no se suele utilizar mucho ya que conlleva crear una organización terrorista y una política secreta que se puede volver en contra del propio dictador (alto riesgo, poco margen de maniobra y socavamiento del régimen y de su gobierno). Si esta estrategia triunfa y se consigue aterrorizar a la organización lanzadera, el dictador tendrá autoridad y discreción ilimitadas, con lo que creará un problema paradójico: la falta de derechos de propiedad seguros para la inversión, negando así a la dictadura una importante fuente de rentas que son necesarias para gobernar el país. Como quiera que el dictador ni puede solventar esta situación respetando la propiedad privada ni respetando acuerdos contractuales, se ve empujado a la expropiación. Como resultado es la falta de desarrollo del sistema bancario, que es un sector clave para el crecimiento. Así pues, la estrategia del terror genera un mal desempeño económico. (Haber, 2006:698)

En cuanto a la segunda estrategia, la de la cooptación, es una medida mucho más común, por la cual se encapsula a la organización de lanzamiento comprando su lealtad a base rentas pagadas a su dirección para convencerla de que es mejor cooperar con el régimen que derrocarlo. La base de esta estrategia es mantener una fuente de rentas y estas vienen dadas por el Estado. El régimen pone barreras arancelarias o crea monopolios en base a unas pocas empresas afines. Los resultados a corto plazo de la asignación de derechos de propiedad a un pequeño grupo de personas puede generar tasas impresionantes de crecimiento económico. Pero a largo plazo, este sistema de rentas compartidas influyen en el crecimiento porque los recursos están mal asignados (hay monopolios, hay sectores que se desarrollarían mejor en competencia casi perfecta, empresas especializadas que quedan al margen por designio del régimen, etc.). Por eso, aparecen consecuencias distributivas negativas que al final, terminan limitando el tamaño y la profundidad del mercado interno. (Haber, 2006:702)

La tercera de las estrategias es la de la proliferación organizativa. El dictador crea organizaciones de contrapeso a la lanzadera para evitar que tenga poder suficiente como para sancionarlo. La organización lanzadera paradójicamente también puede verse socavada por nuevas organizaciones. El objetivo es aumentar el coste de la acción colectiva a través de dos mecanismos: obligar al liderazgo de la organización lanzadera a coordinarse con el liderazgo de las otras organizaciones recién creadas, y aumentar los costes de coordinación al alinear los incentivos de su membresía con el liderazgo de las otras organizaciones. Las dictaduras que adoptan esta estrategia confieren derechos de propiedad y oportunidades económicas a un porcentaje más amplio de la población, en comparación con las que utilizan el terror o la cooptación. Eso genera incentivos par que los miembros de esas organizaciones inviertan en empresas productivas y que haya tasas de crecimiento económico impresionantes. (Haber, 2006:704) Przeworski asegura que el éxito de una transición democrática va en función del ingreso percápita.Haber demuestra que la relación entre las transiciones democráticas exitosas y el ingreso per cápita, es endógena al resultado de la lucha por el poder entre dictadores y organizaciones de lanzamiento. Es más probable que este tipo de transiciones tengan éxito en aquellos países en los que la dictadura se caracteriza por una proliferación organizativa (se asignan derechos de propiedad a un conjunto mucho mayor de individuos, y el resultado es que las economías tienden a crecer más rápidamente), en lugar de por el terror o la cooptación (en estas se asignaron derechos de propiedad a un sector restringido de individuos, el resultado es crecimientos lentos e ingresos per cápita bajos).

Como ya hemos visto Wright avanza que las legislaturas no ocurren en las mismas condiciones para todos los regímenes autoritarios, así que, estas no tendrán la misma influencia en la inversión y en el crecimiento. El teórico vincula el buen desempeño económico con la existencia de una legislatura vinculante. Asegura que este tipo de institución tiene un impacto positivo en el crecimiento económico y en la inversión nacional, mientras que las legislaturas no vinculantes tienen, por el contrario, un impacto negativo. (Wright, 2008:322) ¿Dónde serán más probables las vinculantes, y donde lo serán las no vinculantes? Eso dependerá del tipo de régimen. La existencia de mayores reservas de petróleo hacen que los países sean menos propensos a ser regímenes militares, y por el contrario, hay más posibilidad que conduzcan a la aparición de dictaduras de partido único. Aunque, los militares y también de partido único son más probables en países que cuentan con una mayor inversión nacional, -y como ya he mencionado, menos recursos naturales-, a diferencia de las monarquías y regímenes personalistas que son más comunes cuando la inversión es menor y cuando abundan las reservas de petróleo. Además, el gobierno personalista se establece mejor en poblaciones pequeñas. (Wright, 2008:325)

Explicadas las condiciones en las que, de forma más probable, aparecen cada uno de los regímenes, y contempladas cuales son sus diferentes necesidades en cuanto a mostrar una restricción creíble de su poder, Wright llega a la conclusión de que en  las dictaduras personalistas y monarquías, las legislaturas sirven como medio para restringir y dividir a la oposición, y por lo tanto no son vinculantes. Por su parte, las legislaturas vinculantes son más comunes en los regímenes de partido único y militares, porque necesitan demostrar que el estado no confiscará los rendimientos de las inversiones y que cortará con la tendencia del comportamiento de búsqueda de rentas, para buscar así el incentivo de los ciudadanos para que inviertan en la producción económica nacional. Las legislaturas son más probables en las dictaduras de partido único y en las militares cuando estas tienen menos posibilidades de fracasar, dependen menos del petróleo (como hemos visto) y existen mayores riquezas. La razón es que en este contexto prevalece la cooperación para generar inversión nacional y rentas. Sin embargo, el los personalistas, las legislaturas son más probables cuando estos regímenes tienen una tendencia al fracaso. En estos casos, las legislaturas forma parte de una estrategia de salvar al régimen del colapso, más que un intento de cooperación. En su estudio, Wright, determina que el impacto de las legislaturas en el crecimiento en los regímenes de partido único es positivo, y que también hacen aumentar la inversión. En las dictaduras personalistas, las legislaturas hacen disminuir el crecimiento  y la inversión. En las monarquías, afectan al crecimiento pero aumentan la inversión. Para los regímenes militares, también hacen aumentar el crecimiento.

Geddes nos recuerda que el grado de interés por alcanzar y mantener el poder difieren entre los diferentes sistemas autoritarios de gobierno, y que cada uno de ellos emprende una estrategia que puede ir desde la exclusión y el terror, la cooptación y la cooperación. Teniendo en cuenta esto, esta autora despliega una serie de resultados obtenidos en su estudio sobre: los motivos que generarán un colapso en los regímenes, el tipo de caída que van a sufrir, el tipo de transición al que van a dar paso, incluso su longevidad en el poder. Las dictaduras militares son las que sobreviven menos tiempo, es más probable que negocien su salida y sean seguidas por sistemas políticos competitivos, aunque no sean necesariamente estables o duraderas. Por el contrario, es menos probable que terminen en golpes de Estado, levantamientos populares, insurgencias armadas, revoluciones, invasiones o asesinatos. La mayoría de transiciones de gobierno militar comienzan con desacuerdos internos y escisiones, y son los que más probabilidades tienen de acabar desintegrados por crisis económicas debido a su fragilidad subyacente.  (Geddes, 1999:21) Cuando empiezan a aparecer las primeras protestas populares, las transiciones suelen estar bastante avanzadas.

En el caso de los gobiernos personalistas, no se ven tan afectados por las crisis económicas, aunque tienen más posibilidades que otros tipos de regímenes de terminar en violencia, agitación o derramamiento de sangre, y que sus finales sean precipitados por la muerte del dictador, o por la presión extranjera, o una invasión. ¿Por qué este turbio final? Pues porque los miembros de la camarilla gobernante tienen pocos incentivos para abandonar a su líder y oponerse al régimen. Geddes apunta que únicamente debería esperar deserciones si las rentas y las oportunidades ya no pueden distribuirse entre los partidarios o si el líder pierde el control del aparato de gobierno o de las fuerzas armadas.  En cualquier caso, es muy probable que tras su caída den paso a alguna nueva forma de autoritarismo. Los personalistas también negocian, pero lo hacen cuando están bajo presión de prestamistas o enfrentan protestas públicas intensas y continuas. Así que muchos dictadores incumplen los acuerdos. (Geddes, 199:48)

En los regímenes de partido único, la membresía de la camarilla también tiene pocas razones para desertar en circunstancias normales pero, a diferencia de en las dictaduras personalistas, el poder está en más manos concentrado. Así pues, este tipo de gobiernos autoritarios son menos vulnerables a la muerte o enfermedad del dictador, así que tienen una longevidad mayor que los militares y los personalistas. La estrategia que más ponen en práctica es la de la coalición gobernante. Esta consiste en acoger a la oposición potencial, dando así respuesta a las posibles situaciones de crisis que se puedan dar, otorgando modestos aumentos en la participación política, aumentando la representación de la oposición en la legislatura, haciendo posible algunas demandas de la oposición para llevar a cabo cambios institucionales, etc. En definitiva, en intentar dar a la oposición lo suficiente como para disuadirla de tramas arriesgadas y levantamientos. (Geddes, 1999:48) A pesar de que las transiciones en dictaduras de partido único han ocurrido menos, y por lo tanto, no son comparables par la mayoría de los analistas, estas tienden a negociar, -igual que los militares-, su salida.  Tomando como base los resultados de Geddes, los regímenes autoritarios más afectados por un mal desempeño de la economía son, por este orden: los militares, los de partido único y los personalistas.

Finalmente, Gandhi y Przeworski plantean cuáles son las consecuencias que derivan de su clasificación de las dictaduras, en función de su necesidad para buscar la cooperación, o de su intención para frustrar la acción de la oposición.  El estudio de estos dos autores relaciona la necesidad de cooperar por parte de los dictadores y la fuerza con la que la oposición se enfrenta, con el grado de concesiones políticas (Gandhi & Przeworski, 2006:13) Los autores aseguran que los dictadores cuentan con dos instrumentos, básicamente: pueden hacer concesiones políticas o compartir las rentas. Cuanto necesiten más cooperación, éstos harán concesiones políticas más extensas y compartirán menos rentas. Por otra parte, cuanto la amenaza de rebelión sea mayor, los dictadores harán mayores concesiones pero también distribuirán más rentas. Una forma de encapsular a algunos sectores de facciones rivales es la cooptación, con lo que el dictador se asegura mantenerse en el poder. Gandhi y Przeworski apuntan que cualquier estrategia de cooptación que implique concesiones políticas requiere de la existencia de instituciones. Entendemos como concesiones políticas la existencia de partidos legislativos dentro de las legislaturas. Lo que se espera, dicen los dos teóricos, es que las concesiones política sean mayores, y por lo tanto el número de partidos existentes sea mayor, cuando: el dictador necesite una mayor cooperación, cuando la polarización entre el dictador y la oposición sea menor, cuando esta tenga posibilidades reales de derrocarlo y, al mismo tiempo, los costes de fracasar en su intento fueran pequeños. (Gandhi & Przeworski, 2006:13)

Una de las principales aportaciones de Gandhi y Przeworski a la literatura tradicional es que en su modelo demuestran que los estados rentistas (aquellos que disponen de recursos naturales) que necesitan poca o ninguna cooperación para generar rentas, los dictadores hacen concesiones políticas sustanciales siempre que el poder del dictador se ve amenazado, y esto contradice la vasta literatura estatal rentista que ha afirmado siempre que los dictadores en países ricos en recursos contrarrestan las amenazas políticas únicamente distribuyendo rentas. (Gandhi & Przeworski, 2006:13) Los dos autores ponen en valor las dos instituciones políticas derivadas de las concesiones dictatoriales: las legislaturas y los partidos. En el caso de las primeras, se trata de foros institucionales en los que los compromisos políticos se pueden controlar, donde las demandas pueden revelarse sin que parezcan actos de resistencia y donde los acuerdos resultantes puedan revestirse de forma legalista y publicitarse. Por parte del dictador, con las legislaturas puede seleccionar a los grupos a los que da acceso y estos pueden revelar sus demandas sin tener que “oponerse” a la dictadura. El régimen controla el flujo de información sobre las negociaciones. El dictador puede anunciar de antemano sus demandas pero la legislatura cuenta con reglas internas que pueden regular sus prerrogativas. Formar parte de la legislatura brinda a la oposición la oportunidad y el marco de perseguir sus intereses y valores y de transformar la dictadura desde dentro. Gandhi & Przeworski, 2006:14)

En cuanto a la segunda institución política básica en cualquier estrategia de cooptación de los gobiernos autoritarios, los partidos proporcionan seguidores al dictador y a los individuos que colaboran se les ofrece un vehículo para promover sus carreras dentro de un sistema estable de mecenazgo. A cambio de beneficios, privilegios y perspectivas de avance profesional, los miembros de un solo partido movilizan el apoyo popular y supervisan el comportamiento de las personas que no están dispuestas a identificarse con el dictador. Es un instrumento mediante el cuál la dictadura puede penetrar y controlar a la sociedad. Mussolini decía que el partido era la red de capilares por los que se afianzaba la dictadura. Finalmente, ¿qué tipo de regímenes son más propensos a permitir partidos? Las monarquías son las que tienen menos probabilidades. Les siguen los regímenes militares. Por el contrario, las dictaduras civiles son las que más partidos alojan. Los autores consideran fundamental la experiencia previa de cada uno de los regímenes autoritarios en su desempeño político. Geddes y Przeworski aseguran que haber heredado partidos induce al dictador a tolerarlos mejor. Lo mismo ocurre con las transiciones. Haber experimentado transiciones al autoritarismo en le pasado hace que la dictadura actual sea más represiva. (Gandhi & Przeworski, 2006:19)

Bibliografía

Persson, T; Tabellini, G.; Trebbi, F. (2003). “Electoral Rules and Corruption”. Journal of the European Economic Association (vol. 1, núm. 4, pàg. 958-989).

Gandhi, J.; Przeworski, A. (2006). “Cooperation, Cooptation, and Rebellion under Dictatorships”. Economics & Politics (vol. 18, núm. 1, pàg. 1-26).

Haber, S. (2006). “Authoritarian Government”. A: B. R. Weingast; D. Wittman. The Oxford Handbook of Political Economy (cap. 38, pàg. 693-707). Nova York: Oxford University Press. p. 693-707.

Wright, J. (2008). “Do Authoritarian Institutions Constrain? How Legislatures Affect Economic Growth and Investment”. American Journal of Political Science (vol. 52, núm. 2, pàg. 322-343).

Geddes, Barbara, “Authoritarian Breakdown: Empirical Test of a Game Theoretic Argument”, en http://eppam.weebly.com/uploads/5/5/6/2/5562069/authoritarianbreakdown_geddes.pdf

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