Brexit: río revuelto donde los pescadores buscan sus ganancias y parece que todos pierden

 

El 23 de junio de 2016 representó la mayor bofetada las corrientes neofuncionalistas que habían intentado capitanear el rumbo de la integración europea en las últimas fechas. Reino Unido había decidido dejar de pertenecer a la UE con el 51,9% de los votos emitidos en referéndum. Todavía mantienen el sonrojo en la cara los que apostaban por una mayor transferencia de lealtades hacia la unión para que ésta tuviera una mayor jurisdicción sobre los estados que la componen.

Casi un año y medio después de que los británicos dijeran no a la Unión Europea lo único que sabemos es que se ha nombrado a un ministro del Reino Unido para el Brexit, David Davis, y que, de entre los muchos temas a tratar, únicamente se ha avanzado en “los derechos de ciudadanía”. De momento, -al menos que se sepa públicamente-, no ha habido novedades en cuanto a la frontera de Irlanda del Norte, o sobre un acuerdo financiero. Lo que sí se ha publicado ya son los primeros contactos entre la premier británica, Theresa May, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente francés, Emmanuel Macron. (La Vanguardia Digital, 2017)

A tenor de los hechos, parece que frente a la mayor crisis de integración que afecta a la UE la receta a seguir va a ser más intergubernamentalismo que nunca. Ya hay fecha para valorar los avances realizados por Londres hacia un Brexit ordenado, será durante la próxima cumbre del Consejo Europeo, los días 14 y 15 de diciembre de este año. Ahí se decidirá si se han logrado suficientes progresos en la primera etapa de desconexión. May ya ha anunciado que se están realizando esfuerzos para estudiar la futura asociación “profunda, especial y exhaustiva”, entre UK y la UE. Aún así, existen serias dudas sobre cómo se va a materializar el Brexit, y cuáles serán sus implicaciones.

La peor consecuencia de la salida de Reino Unido para los equilibrios de poder internos en la UE es la gran presión que puede ejercer sobre la unidad del resto de los 27 estados miembros. Si el proceso de salida de UK es exitoso, es decir, si supera todas las turbulencias económicas que se le suponen, eso puede acarrear fuerzas centrífugas provenientes de otros estados miembros que se empiecen a cuestionar su permanencia y su acuerdo de integración, y acabe desembocando en una crisis de desmembramiento de la UE. (T. Oliver, 2016: 219) Los líderes europeos temen que el Brexit pueda combinarse con otras crisis en la Eurozona (como por ejemplo la de los refugiados, o la lucha contra el terrorismo internacional en el espacio Schengen) y que eso termine originando una quiebra en el sistema de solidaridad de la Unión que acabe afectando a su corazón, a Alemania.

En el plano ideológico, que uno de los estados más relevantes para la UE, -con más de 40 años de historia compartida-, decida abandonar el proyecto europeísta, puede dar alas a los discursos más incendiarios de los partidos euroscépticos, sobre todo aquellos de extrema derecha. En las últimas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo de 2014, las fuerzas de extrema derecha resultaron ganadoras en importantes países de la unión, superando el 20 y hasta el 30% de los votos. Hablamos del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, el UKIP, de Nigel Farage en Reino Unido (instigador del Brexit) o del Partido Popular Danés de Kristian Thulessen Dahl, en Dinamarca. (Martinez y Lotito, La Izquierda Diario, 2014)

Aún así, es relevante calibrar qué afectaciones pudiera conllevar un cambio en el equilibrio del centro del poder en la UE. Hasta la salida de UK, el tándem Alemania-Francia con la “satelización” de Reino Unido, formaban el core o tridente, para impulsar las políticas europeas, sobre todo económicas. Ahora, con una de las puntas del tridente fuera de juego, Francia podría verse enfrentada a una UE donde el centro de poder se halla desplazado hacia Alemania, aún más. A su vez, Alemania podría sentirse incómoda al tener que echar sobre sus hombros todo el peso, a la hora de impulsar la agenda económica liberal, y de liderar Europa con más fuerza. (T. Oliver, 2016: 220)

Como hemos visto, la combinación entre la negociación del Brexit y las negociaciones para la reconfiguración de la Eurozona pueden generar cambios en la armonía de la UE y en sus políticas. Aunque no es descartable que se produzca un efecto “rebote”. Es posible que la incertidumbre que genera la salida de UK a todos los niveles (política, constitucional, diplomática y económica) acabe comportando un cierre de filas entre el resto de los estados miembros entorno a la unidad. El perder a un compañero incómodo (cabe recordar las excepcionalidades y el traje a medida que la UE hizo a Londres para que David Cameron hiciera campaña por el “Remain” ante el referéndum) podría acarrear una motivación extra para que el resto de miembros trabajen juntos de manera más efectiva. (Pérez, El País Digital, 2016)

Ante los extremistas y las incertidumbres que todavía quedan sin despejar sobre la relación que se debe establecer a partir de ahora entre la UE y UK, defender la unidad parece el mantra que repiten los líderes europeos sin parar. ¿Qué debe prevalecer? ¿Lo que sea mejor para Europa? ¿Lo mejor para UK? ¿Es posible desligar el destino de ambos? Lo cierto es que parece poco probable que haya un acuerdo preestablecido sobre cuál debería de ser el vínculo (lo que sí parece más evidente es que hay 27 visiones diferentes sobre lo que sería mejor para Europa). A pesar de eso, sigue habiendo intereses comunes como: la política exterior, la política de seguridad, de defensa, las instituciones financieras, etc. Ante estas preguntas, algunas voces apuestan ya por la intervención del intergubernamentalismo, relegando a un segundo plano a instituciones supranacionales como: la Comisión o el Parlamento Europeo. La UE podría reclamar a Reino Unido en foros como UE +1 o UE +2 (Alemania, Francia y UK).

Alejándonos de la visión eurocentrista, la salida de Reino Unido de la UE, también tiene sus implicaciones en el sistema internacional que valdría la pena observar. Una vez consumada la separación de UK de la Unión, será muy interesante analizar qué tipo de alianzas se establecen entre ambos, y con terceros actores. En un sistema internacional formado por estados, organizaciones intergubernamentales no centrales (gobiernos locales o regionales), actores intraestatales no gubernamentales (ONGs y otras), empresas multinacionales, y actores supranacionales o trasnacionales (la propia UE), en donde con el fin de la Guerra Fría se pasó de la bipolaridad al hegemón norteamericano, y de ahí, a un equilibrio interdependiente, -donde la influencia económica parece haber desplazado, en parte, al poder militar-, la consecución de alianzas cada vez se rige menos por los cánones tradicionales.

El teórico Stephen M. Walt destaca que la hipótesis dominante en la política internacional es el “equilibrio”, es decir, la proposición de que los estados se unirán para evitar el dominio de potencias más fuertes. Los estados se equilibran contra la potencia dominante por dos razones: porque sino arriesgarían su propia supervivencia si no logran frenar una potencia hegemónica antes de que se vuelva demasiado fuerte, y porque es más seguro unirse a aquellos que no puedan dominar fácilmente a sus aliados, para evitar ser dominados por aquellos que pueden. (M. Walt, Stephen, 1985:5) A pesar de eso, Walt también detecta el comportamiento contrario el de “band wagoner”, lo que equivale a alinearse o “subirse al carro” de la potencia predominante. Esta postura puede adoptarse como forma de apaciguamiento, al alinearse con el estado amenazante o a la coalición preponderante, se espera evitar un ataque sobre sí mismo, desviándolo a otro, o para “compartir el botín de guerra”.

Paradójicamente, Walt, ya en 1985, aceptaba como una excepción que confirmaba la norma, que las alianzas internacionales a las que había llegado EEUU superaban con creces a las de la Unión Soviética. Muchos países, por lo tanto, habían abandonado la tradicional estrategia del equilibro (de aliarse en contra de la superpotencia), para subirse al carro de la potencia predominante y alinearse con EEUU. Es cierto que el teórico escribía en pleno proceso de descomposición de la URSS y en una época cercana a la caída del Muro de Berlín, pero podemos intentar trasladar sus conclusiones a la actual crisis derivada del Brexit. Sin un conflicto armado internacional a la vista, ni una política de bloques latente, ¿cuál es la amenaza ante la cual los estados deciden aliarse para equilibrar el sistema internacional? ¿Qué tipo de alianzas debería promover UK, ahora que abandona la UE? ¿Qué alianzas debería promover la UE, en un momento en el que se queda sin el principal socio con un específico peso económico, y con poder militar decisorio? Y es más, ¿de qué manera afecta la salida de UK a las alianzas ya existentes, como la OTAN?

La relación de UK con EEUU siempre ha sido especial, yo diría casi de bilateralidad. La posición de Reino Unido frente a los intereses de EEUU en Europa ha sido, tradicionalmente, la de emisario y facilitador, mediante el uso de presiones e influencias políticas en el Consejo Europeo. Y al revés, para la UE, Reino Unido ha sido su salvoconducto para “amarrar” a EEUU como aliado prioritario frente a poderes emergentes y amenazadores como Oriente Medio, Asia, y últimamente el terrorismo internacional. Si bien EEUU teme que con la salida de UK de la UE, la posición de ésta en el mundo quede debilitada (y por ende, la de la OTAN), dejando de ser un pilar en los asuntos mundiales, y corriendo el riesgo de ser un territorio dividido entre EEUU y Asia, al mismo tiempo, es dudoso que Norteamérica deje caer en el olvido a la Unión, “por la cuenta que le trae”. Esto es, las relaciones colectivas entre EEUU y la UE, sin UK, superan con creces las de EEUU con UK. Así que EEUU podría enfrentarse a una doble pérdida por el Brexit. Porque la fractura puede originar una relación más incómoda con la UE, a la que se puede sumar la existencia de nuevas relaciones más complejas entre la OTAN y la UE. Ante este rompecabezas, cabe decir que, al menos de forma pública, para EEUU, Europa es la piedra de toque con la que se pretende hacer frente a economías emergentes, como China.

Está por conocer el grado de afectación que podría conllevar el Brexit en el Acuerdo del Tratado del Atlántico Norte. EEUU teme que esta organización supranacional se vea cada vez menos capaz de tratar temas de seguridad en su entorno más cercano como Oriente Próximo, el norte de África, o conflictos como el de Siria, etc. Pocos días después de la celebración del referéndum, la prensa internacional recogía las reacciones de la administración Obama ante el resultado. El por aquel entonces secretario de estado norteamericano, John Kerry, consideraba que “las cosas van a ser mucho más difíciles” a raíz del Brexit. (Melville, RT, 2016) Se escenificaba así la ruptura en mil añicos de los deseos tanto de la OTAN como de EEUU de ceder responsabilidades en el campo de la defensa internacional a la UE. Una unión sin Reino Unido, -que había sido hasta entonces un importante contribuyente a las operaciones militares dirigidas europeas, pagando aproximadamente el 15% de los costes-, pasaba a convertirse en el actor supranacional que, tal y como apuntaba Walt, “se subía, -aún más-, al carro” de EEUU.

La fuga de UK, a pesar de las declaraciones que intentan apaciguar los ánimos desde el número 10 de Downing Street, trasladan toda la presión en materia de seguridad a un único estado miembro: Francia. Algo que puede conllevar implicaciones de todo tipo. Imaginemos que, por ejemplo, los franceses aceptasen convertirse en los gendarmes europeos, y utilizasen su capacidad militar como moneda de cambio para conseguir un traje a medida, exigiendo beneficios fiscales, más peso en la toma de decisiones, etc. Por otra parte, y a pesar que, según la opinión publicada, Francia no tiene intención de abandonar la bilateralidad con UK en materias de seguridad, ya se empiezan a hacer esfuerzos por crear una nueva cooperación entre Francia, Alemania y Polonia, el conocido como grupo Weimar. (T. Oliver, 2016: 225)

En cuanto a la política continental, la situación que se vive actualmente entre los estados miembros y los que no lo son, o estaban en proceso de serlo, podría traducirse cómo “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Hay una gran expectación por conocer de qué manera el Brexit podría determinar una relación entre la UE y UK. Como ya hemos hecho referencia anteriormente, ambos deberán establecer una relación permanentemente conectada de trabajo para resolver problemas comunes (geográficos, económicos y de política real). De cuan beneficiosa sea esa relación (económica, política, etc.) con para un estado que ya no forma parte de la Unión (UK), el resto de países que queda fuera del club europeo, tomarán buena nota, para pedir mejores condiciones. En ese sentido, ya hay propuestas para que el Reino Unido ingrese en la Zona de Libre Comercio o en el Área Económica Europea.

Se trata de una cuestión delicada, los “pescadores” esperan que se produzca un cambio en la posición de la UE en el continente europeo. Pero, ¿en qué sentido? Tal y como está el panorama es posible que todos acaben perdiendo debido a las envidias y recelos. El Brexit puede tirar para atrás acuerdos de transacciones económicas con otros países “exógenos” como Noruega o Suiza, que hasta ahora operaban a través del acuerdo de esa misma Zona de Libre Comercio. Si la relación entre la UE y UK post- Brexit genera agravios comparativos en relación al resto de países no comunitarios, se prevé todo un tsunami de nuevas peticiones para renegociar las condiciones en los intercambios comerciales. Traducido al lenguaje coloquial: más problemas para la UE. ¿Y qué decir sobre el futuro, hoy cada día más incierto, de los grandes tratados comerciales, -por otra parte, muy criticados por los movimientos antiglobalización y anticapitalistas-, del TTIP o de UE-Canadá. El Reino Unido había sido uno de los países más activos para que terminaran consumándose. Algunos analistas creen que UK intentará utilizar sus influencias para facilitar la firma, a cambio de una salida sin grandes penalizaciones.

La onda expansiva del Brexit llega a todos los rincones de la política comunitaria, y hiere de muerte al proceso de integración. Incluyo esta implicación en el ámbito de las consecuencias en el sistema internacional por cuanto, la salida de un estado miembro, -ilustre a la par que incómodo como ha sido UK-, dificultará la adhesión de nuevos miembros. Es el caso de Turquía. El Reino Unido era uno de los grandes partidarios de su entrada, por su posición  geoestratégica con respecto a Oriente Próximo, y por convertirse en el cordón de seguridad europeo frente a la crisis de los refugiados y del terrorismo internacional. Ahora, con la marcha de los británicos, Francia emerge como una de las voces reticentes a su entrada. En pleno siglo XIX, el conflicto religioso resuena aún con más virulencia. El Palacio del  Elíseo no ve con demasiados buenos ojos que a la salida de un miembro cristiano, se le sume la llegada de un gigante musulmán. Inevitablemente, hay que sumar un nuevo problema más, en este caso, el de los procesos de adhesión, a la larga lista de quebraderos de cabeza que ha originado el Brexit. Y eso que todavía no se ha implementado.

 

BIBLIOGRAFíA REFERENCIADA:

 

Walt, Stephen (1985), “Alliance Formation and the Balance od Wordl Power,” International Security, Vol. 9, No. 4 (Spring, 1985), pp 3-43, MIT Press

 

Oliver, Tim (2016),  “Goodbye Britannia? The International implications of Britain’s Vote to Leave the EU,” Geopolitics, History, and International Relations 8(2): 214-233.

 

La UE da un ultimátum a Londres para avanzar en las negociaciones del Brexit (17 de noviembre de 2017), La Vanguardia Digital.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20171117/432947423499/ue-ultimatum-londres-brexit.html

 

Martínez, Josefina y Lotito, Diego (1 de noviembre de 2014) El mapa de la extrema derecha en Europa. La Izquierda Diario.

https://www.laizquierdadiario.com/El-mapa-de-la-extrema-derecha-en-Europa

 

 

Melville, Toby (28 de Junio de 2016) Cómo el Brexit puede socavar la nueva estrategia de defensa de la OTAN y la UE, RT

https://actualidad.rt.com/actualidad/211610-brexit-estrategia-defensa-otan-ue

 

Pérez, Claudi, (20 de febero de 2016) La UE sella un nuevo pacto con Reino Unido tras un maratón negociador, El País Digital. https://elpais.com/internacional/2016/02/19/actualidad/1455872429_141482.html

 

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